11 mar 2014

19º Capitulo







Grata sorpresa

“Nhoa está aquí por derecho de sangre, por derecho de nacimiento”. Sus palabras resonaron por toda la sala, clavándose en mis oídos y en mi alma, dándome mi lugar en el mundo, mi posición en el aquelarre. Era por mí que ella estaba ahí, por mí se había decidido a aparecer antes todas, a reclamar por mí el lugar de mi origen, solo con esas palabras había llenado mi corazón con esperanza, orgullo y decisión.

-          Perdóneme Aradia, pero Nhoa solo nos ha traído problemas a nuestra familia, es muy inoportuna e impulsiva, si sigue aquí terminara por destruirnos.- dijo Asha todavía arrodillada y temerosa de la presencia de nuestra diosa.
-          Vuestra destrucción solo vendrá de vuestras manos, ella con su valentía, su coraje y malas decisiones ha conseguido más que todas vosotras en cientos de años. – Aradia miro a todas a su alrededor.- Tu más que nadie Asha no tienes derecho a reclamarle por sus errores, tu cometiste los tuyos propio, errores que costaron muchas lágrimas a los de tu alrededor, y solo por pura cobardía.
-          Aradia...yo...- Asha no pudo decir palabras por que las lágrimas le salían a borbotones.
-          Asha, hija mía, sé que cometiste esos errores creyendo que hacías lo correcto, y por eso te perdone en su momento, pero eres tú la que te tienes que perdonar y decidir contarle a quien debas tu error para que te perdone también.-y Asha se marchó corriendo de allí, temblando por el llanto.

Todos nos quedamos mudos de la sorpresa por aquella repentina huida de Asha, con la curiosidad de ese acto que había cometido años atrás.

-          Nhoa deberías estar orgullosa de la sangre de tus venas, eres mi descendiente directa, y da lo mismo que tengas sangre del rey de los demonios – se escuchó como la sorpresa recorría la sala – Cuando mi hija fue concebida, fue con amor, y con un hombre de buen corazón pero inseguro hasta la médula. Habrás podido caer por un momento en el mal, pero con tu gran coraje y ese precioso amor que sientes por tu guardián has sabido superar la venganza que corroía tu alma. Eres mi vivo retrato, pero no solo eres mí igual por tu apariencia, si no que tus poderes aunque todavía no descubiertos igualan mi poder. Tienes un largo camino donde te espera un aprendizaje duro e intenso, pero tú serás desde este momento mi pupila, yo misma te enseñare el alcance de tus habilidades.
-          ¿Tú vendrás a enseñarme? – dije sorprendida.
-          Si cada día al atardecer nos encontraremos aquí para demostrarte lo maravillosa   que eres.
-          Gracias Diosa será un gran honor aprender de ti.
-          No solo aprenderás de mí, cada amanecer tu cuerpo será transportado mágicamente hasta un lugar secreto.
-          ¿Un lugar secreto para qué?
-          No solo tienes que aprender magia, si no a defenderte luchando, Abaddon será el encargado de hacerlo.
-          ¿Abaddon? – susurraron todas las presentes.
-          Si Abaddon, no solo es el rey de los demonios, sino también el dueño de mi alma, el antepasado directo de Nhoa.
-          De acuerdo hare lo que me digas.
-          Gracias hija. – dijo acariciándome la mejilla – Por otro lado está  el hecho de la presencia de Lena.
-          Sé que no debería haberla traído pero es mi hermana, aunque no de sangre pero crecimos juntas, tenía derecho a saber quién soy, no podía perderla. – cogí la mano de Lena para dar más énfasis a mis palabras.
-          No te iba a recriminar su presencia, al revés ella lleva dentro la chispa de la magia, ella también tiene derecho de estar aquí.
-          ¿Ella es igual que yo?
-          Haber igual, igual pues no, porque tú tienes un poder ilimitado dentro, ella es una sanadora, su poder es limitado pero muy importante para nuestra sociedad.
-          ¿Una sanadora? ¿Yo? – dijo Lena sin poder aguantar más su curiosidad, al fin al cabo esto tenía que ver con ella, y las dos estábamos un poco alucinadas con la nueva noticia.
-          Es largo de explicar, pero necesitamos sentarnos y tener una larga charla, hermanas – dijo dirigiéndose a las otras mujeres presentes – les agradecería de corazón que apoyaran a su suma sacerdotisa, ella las necesita.- y fueron saliendo una a una no sin antes hacer una reverencia a Aradia.- y nosotras vamos a vuestra casa tenemos una conversación intensa por delante.

Y nos marchamos de allí, cogí la mano de Lena porque le costaba andar, todo esto la tenía completamente perpleja. Ahora resulta que no solo era yo la bruja si no que ella también. Todo esto se estaba convirtiendo en un cuento de hadas, irreal y sorprendente, teníamos la sensación de que en cualquier momento nos íbamos a despertar.
Pero aunque esto era un giro inesperado de los acontecimientos, para mí era una grata sorpresa, me gustaba no sentirme sola en este camino que aún faltaba por recorrer muchas barreras de espinas, de risas y lágrimas, de sudor y sangre.
Todavía había que encontrar la manera de derrotar a Nimue, acabar con su sed de sangre y celos. Ahora tenía grandes aliados, gente que me quería y me apoyaba, personas que me conocían profundamente, y que me iban a enseñar a luchar por mi meta.
Y un gran amor me envolvía mientras nos íbamos a mi hogar, donde estaba el centro de mi alma, Ángel. Y donde mi madre aunque en espíritu me protegía y me cuidaba desde el más allá.
Un nuevo capítulo de mi vida comenzaba, y no iba a estar sola si no con mis seres queridos, pero nuca se sabe cómo terminara esta historia, ¿podre derrotar a mi enemiga? ¿O me derrotara ella a mí? Pasará lo que pasara podría mi fuerza y mi magia llegar al final feliz de todo cuento de hadas.

18º Capitulo

Entre sus brazos

Corrí sin darme tiempo a respirar,  pero el maldito infierno era un laberinto sin fin, giraba por cada pasillo y me daba de bruces con la nada, tuve que parar, para no ahogarme por la falta de aire, cuando saliera de esto me prometí que dedicaría tiempo hacer más ejercicio.
En el momento que el aire empezó a llenarme los pulmones mi mente empezó a razonar claramente, una idea se instalo en ella pero con la duda de que funcionara. Si yo era una bruja podría encontrar a Ángel en cualquier sitio.
Me concentre y dibuje sus facciones en mi pensamiento, desee con ansia poder encontrarle, oírle, ayudarle, sentir su esencia, su amor. Cerré los ojos para concentrarme profundamente y pensé en él, sentí un poder inmenso recorrer mis venas, y su presencia se hizo claramente ante mí, estaba luchando con unos cuantos vampiros y pronunciaba mi nombre a la vez, ni siquiera me había dado cuenta que me había teletransportado junto a él, solo vi que estaba en peligro y mi furia me sobrevino de improvisto desatando todo mi ser en un grito de guerra, un grito que sonaba tan agudo y chirriante que empezó a reventar los tímpanos de los vampiros uno a uno, dejándolos momentáneamente desorientados, cuando Ángel se recupero de la sorpresa los mato inmediatamente antes de que se recuperaran.
Cuando vi que había acabado con todos ellos cerré la boca y me derrumbe de rodillas completamente exhausta. Ya empezaba a saber cómo funcionaban mis poderes pero el uso de ellos acababa conmigo, y solo deseaba tumbarme en mi cama y dormir. Ángel se acerco a mi lado y me agarro en sus brazos antes de que callera del todo.

-          Aguanta mi vida, tenemos que salir de aquí, necesito que saques fuerzas. – me dijo con gran ternura.
-          Pufff…. No sé si podre no puedo ni con mi alma.
-          Eres la bruja más poderosa de los tiempos claro que puedes, por favor hazlo por mí, necesito que me ayudes.- Me levanto a duras penas apoyándome contra su cuerpo, y que bien se sentía estar así de pegados.
-          Hueles rico.
-          Vamos Nhoa me encanta que te guste mi olor pero no tenemos tiempo.
-          Vale, vale, pero de igual manera esto es un maldito laberinto como vamos a salir.- Le dije intentando enderezarme.
-          Lo sé, pero tenemos que intentarlo, vamos….
-          Espera, ¿cómo llegue hasta ti?
-          De repente apareciste de la nada.
-          Entonces….. ¿me he teletransportado? ¿no?
-          No sé, me imagino que sí.
-          Entonces…. Puedo volver hacerlo y con un poco de suerte te podría llevar a ti.
-          Cariño claro que lo podrías hacer pero en otras condiciones, necesitarías una gran fuerza vital y estas casi por desmayarte.
-          Que desconfiado eres.-dije apartándome de él y con el ceño fruncido.- No me dijiste que era la más poderosa.
-          Si pero….
-          Pero nada, agárrate fuerte a mí y no te sueltes.
-          Nhoa por favor…
-          Nada haz lo que te digo.

Me agarro por la cintura con la duda reflejada en sus ojos, tenía que conseguirlo, tenía que llevarnos de allí, pensé en mi casa, dibujando mi salón en mi mente, y cuando sentí que el poder me inundaba le planté un beso tan profundo a Ángel que casi le atraganto con mi lengua. Con el beso desapareció toda la realidad que me rodeaba y solo sentí un amor puro que florecía de mi corazón hacia mi boca, Ángel me apretó mas contra él, intentando hacernos uno.
Nos separamos sin ganas, porque notamos a alguien respirar entrecortadamente, miramos alrededor y nos dimos cuenta que estábamos en casa, y en un rincón del sofá encogida estaba Lena con los ojos como platos y más pálida que un muerto, nos acababa de ver aparecer ante ella y le habíamos dado un susto casi mortal.

-Pe, pe, pero como…….

Y se cayó redonda perdiendo el sentido, aparte del mal aspecto por el  susto, Lena estaba demacrada y delgada, con ojeras profundas, la mesa del salón estaba llena de pañuelos Tissue arrugados, nos habíamos olvidado totalmente de ella, de que acababa de perder a su novio en un trágico accidente, y yo su mejor amiga casi hermana no había estado allí para ella, había estado tan ocupada y centrada en mis propios problemas que no repare en una de las personas más importantes de mi vida, me sentí tan egoísta que me eche a llorar recogiendo a Lena entre mis brazos.
Ángel me aparto de ella con cuidado, y la acomodo bien en el sillón, mientras mis lagrimas no dejaban de caer vi como el amor de mi vida, intentaba despertar a Lena, cuando por fin lo consiguió ella estaba tan desorientada que lo único que hizo fue marcharse a su habitación y cerrando la puerta a su espalda. La seguí y llame a su puerta y lo único que recibí fue un márchate inmediato, quise entrar a la fuerza pero había echado el pestillo y lo único que me quedo es rogarle para que hablara conmigo, pero lo único que conseguí era un silencio sepulcral, había fallado a Lena y ahora ella no quería saber nada mas de mi, que iba hacer si la perdía, como iba a superar una perdida mas, no podía soportar más dolor, mi corazón no era capaz.
Mi guardián me cogió entre sus brazos y me llevo a mi propia habitación, me consoló de nuevo hasta que mis lágrimas se agotaron.

-          Dale tiempo, está en un momento muy malo, deja que asimile el a verte visto aparecer de repente.
-          No es por eso que está enfadada, es porque no he estado a su lado, la conozco y el haberla fallado así ha abierto una gran herida en su corazón.
-          Sé que lo ves todo muy negro ahora, pero el tiempo cura todo mi cielo, y cuando por fin se solucione todo esto quedara como un mal recuerdo.
-          ¿Cuándo todo se solucione? ¿Y cuándo será eso?
-          Ten paciencia primero tienes que aprender a controlar tu poder y después derrotar a Nimue, y en medio de todo ya verás cómo lo arreglas con Lena.
-          Eso espero. – suspire- Bueno pues vamos a la escuela de la orden tengo que empezar mi formación- me levante dispuesta a marcharme pero Ángel me cogió la mano.
-          Espera, iremos mañana.
-          Pero mañana será muy tar…
-          Tranquila, hay tiempo ahora no hay nadie allí, es casi medianoche.
-          ¿Medianoche? ¿Cómo he perdido la noción del tiempo de esta manera?¿Cuantos días he pasado en el infierno?
-          Una semana.
-          ¡¡¡¡Una semana!!!! Ahora comprendo porque esta tan enfadada Lena.
-          Mañana veremos cómo solucionamos todo. Ahora acuéstate y recupera fuerzas las necesitas.

Me dio un beso profundo, era increíble como perdía toda noción de la realidad cuando su boca tomaba la mía, era como una maravillosa fantasía de la que no quería salir, hacia que olvidara todos mis problemas.

-          Buenas noches mi niña, descansa mañana nos vemos.
-          ¿¿Cómo?? A no tú no te vas, te quedas a dormir conmigo, necesito que me abraces para que yo pueda dormir.
-          Pareces una niña asustada – me dijo bromeando.
-          Lo soy, tengo miedo a que si te apartas de mi te pueda perder.
-          A mí nunca me perderás porque aunque un día muera mi alma está unida a la tuya.
-          Pues prefiero tener de cuerpo presente, es que intenta no morir.
-          Jajajaja, no te preocupes luchare contra quien sea para mantenerme a tu lado.

Y su sonrisa lleno la habitación con la luz de la esperanza, nos tumbamos uno al lado del otro, y dormí como un bebe protegida por sus brazos y el latido de su corazón.

2 sept 2012

17º Capitulo


Aparición Celestial

En ese momento comprendí que algo muy dentro de mi había cambiado, me negaba a asimilar todo lo que me había contado Abaddon, pero indudablemente era todo verdad, Aradia me lo había mostrado con sus recuerdos, y aunque Abaddon no había sido siempre un demonio, si había caído en la ambición y se convirtió en uno, yo, una simple muchacha, que hace poco tiempo había salido de un orfanato creyendo que no era nadie, en realidad era una poderosa bruja descendiente de una diosa y de un demonio, una cruda realidad que me quería arrastrar a la locura.

-          Por favor Abaddon déjame irme, necesito irme.- le implore con lagrimas en los ojos.
-        ¿Qué te pasa muchacha? Si es por el beso lo siento, no tenía intención pero te pareces tanto a mi amada Aradia.
-          ¿¿¿¿Tu amada???? – grite angustiada – ¡¡¡Si la hubieras amado no la habrías matado!!!
-          Ya te lo conté, entiéndeme princesa, ella me traiciono y me cegué de odio.
-          Nunca me vuelvas a llamar princesa, yo no soy tu princesa.- medio le gruñí estas palabras – ella no te traiciono, ella te salvo.
-         ¿Qué ella qué? Creía que eras mas lista pero creo que no comprendiste mis palabras.
-        Las comprendí muy bien, ella se caso con otro para protegerte de su padre, ella te amo tanto que se sacrifico por ti – mi furia aumento encendiendo la luz de mi esmeralda- ¿¿¿y tú que hiciste??? ¡¡¡Matarla y alejar a tu propia hija de su madre!!!¡¡¡La dejaste huérfana!!!
-       ¿A mí qué? –dijo Abaddon con cara de terror, nunca pensé que un demonio tuviera sentimientos, pero la angustia y la culpa se asentó en sus ojos.
-         ¡¡¡A tu hija!!!

Grite, y con la misma furia que lo hice un poder sobrenatural salió de mi y se acumulo alrededor del cuerpo del rey demonio, ardió en un fuego verde, la agonía se reflejaba en su mirada, me miro suplicante de perdón. Aterrorizada me di cuenta de lo que estaba haciendo y volví a retraer  el poder hacia mí, Abaddon cayó al suelo casi calcinado.

-          Lo siento, no sé lo que me paso – le dije acercándome a él – Perdóname no pude remediarlo, la furia se impuso sobre mí, menos mal que todavía estas vivo.
-          No te preocupes muchacha – dijo con voz ronca y arrastrando las palabras – Aunque quisieras no puedes matarme, solo dejarme imposibilitado durante un tiempo.
-          Igualmente perdóname.
-      ¿Qué te perdone? Yo soy el que tiene que pedir perdón, el que arrebato vidas inocentes por celos y odio, yo fui el que arrebato la felicidad de una madre en criar a su hija, mi amada Aradia, perdóname.- Me sorprendió ver lagrimas de sangre caer por su rostro.

Una luz dorada y hermosa ilumino la habitación dejándonos ciegos por segundos, una hermosa mujer, de pelo rojo y brillo dorado estaba de pie ante nosotros, era hermosa mas allá de lo descriptible, su bello rostro parecía porcelana esmaltada, y sus grandes ojos eran como dos brillantes esmeraldas, una paz se desprendía de ella dejando a mi alma llena de luz y amor. No había duda, estábamos ante la presencia de Aradia.

-          Hola Abaddon, siempre estuve esperando tu arrepentimiento por mi muerte.
-          Aradia, amor mío –dijo Abaddon con voz quebrada.
-         Ya no soy tu amor, tu corazón está muy negro para sentir ese sentimiento tan puro. – Tenia una voz tan melodiosa que parecía tocada por miles de arpas angelicales.
-          Lo siento, perdóname, no supe lo que habías hecho, no supe lo de nuestra hija.
-    No quisiste verlo Abaddon, te negaste a creer en mi amor, siempre con tu complejo de inferioridad hacia mi te causo ceguera en el alma.
-          Tienes razón, pero todavía hay tiempo para redimirme, volver a ser humano.- suplico
-         Lo siento pero tienes demasiado hipotecada tu alma con el mal, no volverás a ser humano pero en tu mano queda en ayudar a nuestra descendiente, a lo que queda de nuestra sangre. – Yo seguía la conversación completamente atontada por la situación.
-          Dime que tengo que hacer, y lo hare. – Dijo el rey poniéndose de pie con las pocas fuerzas que le quedaban.
-      Ahora preocúpate de curar tus heridas, ya llegara el momento que se necesitara tu ayuda, y sobre todo que Nimue no se entere – Abaddon puso su mano en el corazón y lo juro.

Aradia se giro y me miro, me observo atentamente, con una gran sonrisa en sus labios, y levanto la mano y me acaricio, su caricia provoco un escalofrió de emoción por mi piel.

-       Hija mía, se que has sufrido mucho, pero es hora de que aprendas a controlar tu poder y a usarlo en el momento que tú quieras y no dejarte llevar por tus sentimientos, tienes que volver y dedicarte  a saber cómo ser una bruja de valía, te necesitare en la batalla final.
-     Pero no sé cómo seguir adelante – le dije temblando – no sé cómo olvidarme de todo lo sucedido y seguir con mi vida.
-   No tienes que olvidarte, solo pasar tu duelo y echarle voluntad a la vida, tu madre está muy orgullosa de ti, vimos como venciste al soneillon de tu interior.
-      ¿Mi madre? ¿Has visto a mi madre?
-     Si querida ella está conmigo, a mi lado, en el valle de las almas, esperando a que cumplas tu destino para pasar al otro lado.
-       Quisiera tanto verla…- dije mientras las lagrimas caían por mi rostro.
-   No te preocupes volverás a verla y no olvides que tanto ella como yo estamos protegiéndote desde mi mundo. Recuerda que gran parte de mi alma esta en ti. – Puso su mano en mi corazón – Sigue ciegamente a este, a veces es un poco caprichoso pero normalmente lleva la razón.
-       Gracias Aradia por darme esperanza.
-       Cariño yo no soy la que te da esperanza, es el amor que tienes aquí dentro el que te hace tenerla. Por cierto hablando de amor, hay alguien por los pasillos, luchando a diestro y siniestro para encontrarte, apóyate en él, es tu tabla de salvación.- Y desapareció dejándome sin respiración.
-       ¿Alguien? ¡Ángel! Me olvide que le había pedido ayuda.
-   Corre muchacha y huye con él, yo distraeré a mis súbditos. – Me empujo Abaddon hacia la puerta.
-      Gracias
-      No, gracias a ti por darme un poco de tu luz en mi vida, no conocí a mi hija, pero estaré orgulloso de llamártelo a ti. Corre por Ángel te necesita.

Y corrí para encontrarme con el único que podía llenar los momentos más lúgubres de mi vida con amor y alegría.

16ºCapitulo


Corazón traicionero

            Fue hace muchos, muchos siglos, antes de que las brujas moraran el mundo, antes incluso de que la magia fuera conocida como tal.
            Vivía en un mundo lleno de paz, un mundo paralelo a este, la belleza de nuestro mundo era inigualable, tanto mortales como dioses convivíamos en armonía en este mundo.
            Yo era un muchacho lleno de vida, con ansias de conquistar el corazón de una bella princesa, mi amada Aradia. Habíamos sido compañeros de juegos durante nuestra infancia, y muy amigos a pesar de que ella era de la realeza y yo simplemente el hijo del guardia personal de la reina, la reina era sencillamente un desecho de bondad, incluso me trataba como a un hijo, por eso nunca puso impedimento de que fuera amigo de su hija.
            Aradia y yo éramos de la misma edad, crecimos y estudiamos juntos, hasta que prácticamente no convertimos en casi adultos. Mi amistad por ella fue convirtiéndose en un amor muy profundo, un amor callado porque pensaba que no sería digno de ella.
            Una tarde de primavera nos pusimos a recoger melocotones, cerca del castillo, eran unos melocotones grandes y rojos, Aradia se le antojo algunos para llevarle a su padre. Ella era un poco testaruda y se empeño en subirse al melocotonero para recoger la fruta ella misma, yo que no podía negarle nada se lo permití, mientras ella me tiraba melocotones su pie resbalo y Aradia cayo, con la suerte de que yo estaba justo debajo de ella y pude cogerla en brazos, aunque con la fuerza del impacto caí, quedándose Aradia justo tumbada encima de mí.
            Tal acercamiento nunca había pasado entre nosotros y no pude evitar el besarle los labios, sorprendentemente ella me respondió, le declare mi amor y ella me confirmo el suyo. Desde esa tarde en vez de salir a pasear nos escondíamos por el bosque aledaño al castillo para poder estar uno en brazos del otro. Una de esas tardes nos adentramos más profundamente en el bosque y fuimos a dar con una cabaña de caza propiedad del rey, como empezó a llover nos metimos en ella.
            Cuando vimos el interior no quedamos patidifusos, eso no era una cabaña era un nido de amor tan esplendido que no nos pudimos resistir. Dentro de la cabaña había una gran cama con dosel blanco, junto a la cama una mesa llena de manjares dispuestos para comer, y en el techo había una gran vidriera de colores de donde entraba la luz del sol y hacia que el cuarto se llenara de arcoíris.
            Nos dejamos llevar por el ambiente y acabamos consumando nuestro amor, aunque los dos éramos principiantes en este campo, no tuvimos ningún problema en amarnos, y sin darnos cuenta quedamos dormidos uno en brazos del otro.
            No sé cuantas horas pasaron, pero cuando nos despertamos por el sonido de unas risas, la luna alumbraba la estancia, de repente la puerta se abrió dando paso al rey y a la reina, y junto a ellos mi padre. Una expresión de horror se dibujo en la cara de los tres, yo me vestí rápidamente mientras Aradia lloraba sin consuelo.
            El rey furioso me saco a la fuerza y enfrente de mi padre me pego una paliza que me dejo sin sentido.
No sé qué paso después, pero cuando desperté estaba encerrado en un mugroso calabozo, mi padre estaba a mis pies mirándome con decepción, me dijo que había deshonrado mi familia, que nunca debí a ver puesto mis ojos en la princesa y que diera gracias que a pesar de todo el rey me dejara con vida, que trabajaría en los establos y que nunca más volviera acercarme a ella o seria decapitado por su propia mano.
Creo que paso unos cinco meses, aun no estoy seguro, cinco meses encerrado y con deseos de ver a mi amada, hasta que por fin me liberaron, me llevaron a los baños para que me lavara y me vistiera con nuevas ropas y después me llevaron a los establos.
Trabaje día y noche sin descanso sin perder la esperanza de cruzarme con Aradia, durante un mes intente buscarla por cada rincón del castillo pero sin éxito, casi había perdido la esperanza cuando un buen día se acerco una gran carroza negra hasta el castillo, por curiosidad me asome para ver quien venía en ella, un hombre enorme vestido de negro bajo de la carroza, tenía un aura de misterio que le rodeaba, cuando bajo alzo su mano para ayudar a una mujer ha bajar también. Cuando esa mujer asomo la cabeza deje de respirar, esa cabellera roja como la sangre solo podía ser de una persona, Aradia.
Le sonreía al hombre de negro con gran ternura, cuando termino de bajar vi que su vientre estaba muy abultado, estaba embarazada y creí que tenía que ser mío. Sin poder reprimirme me acerque corriendo a ella, cuando quise abrazarla me aparto con cara de horror. Cuando la pregunte qué pasaba el hombre que estaba a su lado se interpuso entre nosotros y me dijo que dejara en paz a su mujer.
El mundo cayo a mis pies y sentí como mi corazón se rompía en mil pedazos, ella estaba casada con otro hombre, ella había traicionado mi amor, y me sentí ridículo al haber pensado que el hijo que llevaba en su vientre era mío, sin poder sopórtalo más hui de allí sin mirar atrás.
Estuve vagando sin destino, mi mente estaba nublada de ira por la traición de la mujer que mas amaba, estaba herido de muerte y Aradia había sido la mano ejecutora. No se cuanto tiempo pase así, pero perdí el conocimiento, no había comido ni bebido nada durante días. Cuando desperté estaba tumbado cerca de un fuego, al otro lado de este había un hombre sentado observándome. Sus ojos eran del color de la sangre y al mirarle me tembló hasta el alma. Me había recogido y salvado de una muerte segura, por lo que me conto después me encontró rodeado de buitres esperando mi final.
Después de unos días en su compañía logre entablar una especie de amistad con este personaje. Me conto que su nombre era Caleb, era un sacerdote de magia negra, yo no sabía que era pero no tarde en comprender lo que significaba y en aprender cómo se usaba gracias a la enseñanzas de Caleb.
También me conto que mi mundo no era el único que existía, que había uno paralelo a este que se llamaba Tierra, allí había tres sitios para vivir, el cielo donde solo los dioses y ángeles lo habitaban, la tierra donde los mortales se mataban entre sí, y el infierno donde habitaban los demonios, seres de gran poder. Él venia de allí buscando un aprendiz que le ayudara  derrotar al rey actual de los demonios, Caleb quería el trono y necesitaba mi ayuda. Le respondí que iría con él pero con la condición de que me ayudara a vengarme de Aradia.
Me introduje en el castillo con ayuda de la magia, cuando llegue a la habitación de Aradia la vi tumbada en la cama, con un precioso bebe entre sus brazos, acababa de ser madre, aunque estuve a punto de marcharme mi odio fue más fuerte, y cuando estaba a punto de asfixiar a mi princesa con la almohada una fuerza invisible me golpeo contra la pared.
Su marido y yo luchamos encarecidamente, pero me venció y antes de que me matara hui de allí, pero no me aleje mucho para poder vigilarlos, Aradia con su bebe y su marido salieron de madrugada y desparecían por una puerta de luz creada por él.
Corrí sin descanso hasta donde me esperaba Caleb y le conté todo detalladamente, me dijo que habían huido a la Tierra y que si queríamos encontrarles teníamos que irnos inmediatamente. Caleb hizo también una puerta de luz y nos metimos en ella.
Los buscamos durante meses, hasta que por fin los encontramos en una casa solariega en medio del campo, durante unos días los vigilamos para saber el momento preciso de matarlos. Cuando llego el día Caleb me dio una daga y me dijo que tuviera cuidado porque el marido de Aradia era un dios. Yo que estaba ciego de ira me introduje en la casa mientras dormían y apuñale al marido primero, cuando saque la daga de él estallo en una luz dorada. El estallido despertó a Aradia y empezó a gritar para acallarla la apuñale en el corazón. Cuando me di cuenta de lo que había hecho la abrace y llore amargamente hasta que soltó su último aliento. Una luz dorada cubrió su cuerpo y extrajo de ella su espíritu, su alma me miro con pena y después estallo igual que había hecho su marido. Busque a la hija de Aradia por toda la casa pero al no encontrarla me rendí y me marche con el remordimiento de haber dejado a esa niña huérfana.
Cuando llegue donde me esperaba Caleb le conté lo sucedido y me dijo que al haber matado a Aradia con el mismo puñal que al dios, había mezclado su sangre y la había convertido en una diosa también.
Lleno de amargura cumplí el trato con mi maestro y le ayude a destronar al rey de los demonios, pero al poco tiempo mi ambición hizo que matara a Caleb y me apoderara del trono convirtiéndome en rey y en demonio.
Investigando averigüe que Aradia como diosa había creado un aquelarre de brujas y ella era su diosa, ese aquelarre creció hasta convertirse en lo que es ahora. Su hija había sido la primera de esas brujas, uno de los miembros del aquelarre profetizo que Aradia descendería del cielo, se reencarnaría en seis brujas, siendo la ultima la más poderosa y la que mas esencia de Aradia llevaría en su alma.

-          Y tu querida eres la sexta.

De la misma sorpresa no me di cuenta en que Abaddon se acercaba a mí, cogió con suavidad la cara, mirándome y atrapándome en su mirada, me besos con ternura, y varias imágenes pasaron por mi cabeza, me vi abrazada con él en la cabaña del bosque, sintiendo sus caricias y sus besos, sentí un amor profundo en mi pecho, y después la angustia de la separación de nuestras almas, vi también como el rey me amenazaba con su muerte si no me casaba con otro, la angustia y el dolor de ver cómo me miraba con odio cuando se entero de que estaba casada, pero también sentí la plenitud de nuestro amor en el momento que tenia a nuestra hija en brazos, el fruto de nuestro amor.
Cuando Abaddon dejo de besarme deje de sentir todo eso como mío, supe inmediatamente que su historia era cierta y que la conciencia y recuerdos de Aradia estaban en mí, pero lo peor es que me di cuenta que yo era descendiente del rey de los demonios, y pensé que clase de monstruo era yo.

15º Capitulo


Visita inesperada

            Me concentre con más énfasis y pensé en Ángel, desee poder tocarlo y sentirlo, y mi espíritu empezó a separarse de mi cuerpo y subió y subió hasta llegar al cielo estrellado, volé a través de él hasta llegar a mi casa, mi alma era la que me guiaba hacia el encuentro de mi amado, traspase las paredes de mi piso hasta encontrarme en mi habitación, ahí estaba el, sentado en mi cama, con una foto mía en sus manos y llorando silenciosamente. Sentí como se echaba la culpa por no haber podido protegerme de mi misma.

-          No llores Ángel, verte así me rompe el corazón.- al sentir mi voz dio un respingón y se levanto de un salto de la cama y me miro con asombro y con tristeza.
-          ¿Nhoa?, dios mío estas aquí has vuelto a cambiar – intento tocar mi mejilla pero su mano traspaso mi cara - ¿Estas muerta? ¡Oh dios…..!
-          No te asustes, no estoy muerta, este es mi cuerpo astral, no tengo mucho tiempo mi amor, vengo a pedir tu ayuda y tu perdón.
-          ¿Dónde te encuentras? Cruzare infiernos si hace falta para ayudarte.
-          Justo eso necesito. – sentí una fuerza tirando de mi nuevamente a mi cuerpo- estoy en el infierno.
-          ¿En el infierno? ¿Cómo llego hasta allí?

Y justo cuando fui a contarle un tirón mas fuerte arrastro mi espíritu a mi cuerpo, sin poder terminar de contarle a Ángel como encontrarme, aunque tenía la esperanza que llegara a mí.
Mis ojos tardaron unos segundos en adaptarse otra vez a la oscuridad, necesitaba ver quién o qué me había arrastrado de regreso, al principio no conseguí enfocar la cara de la persona que tenía en frente. El contorno de la cara del rey de los demonios se fue dibujando ante mí, tenía una sonrisa picara en sus turgentes labios, y digo turgentes porque realmente los tenía como una fresa madura, gruesos, rosados y dispuestos a ser besados, moví la cabeza para sacar esos pensamientos de mi mente, pero algo realmente raro me atraía hacia Abaddon irremediablemente.
En el primer momento que le vi no me fije bien, ya que mi atención estaba puesta en Nimue, pero este hombre era realmente guapo y explosivo. Aunque en la oscuridad no podía ver en condiciones, lo poco que veía me hacía temblar de deseo,  sus ojos parecían negros aunque no podía asegurarlo, tenía una nariz recta y con fuerza, se podría decir que un poco larga pero no le restaba belleza a su rostro, una mandíbula fuerte y bien dibujaba enmarcaba esos bellos labios, y en su barbilla un pequeño hoyuelo asomaba, su pelo caía en ondas y hasta donde pude vislumbrar le alcanzaba mas allá de la cintura, ¡y qué cintura!, su musculoso cuerpo estaba formado por los brazos y pechos más impresionantes que hubiera visto, y lo digo porque en realidad lo veía, iba sin camisa. Un sudor frio recorría mi espalda, haciendo que pequeños escalofríos recorrieran mi cuerpo, estaba ardiendo por dentro, deseando estar entre los brazos de Abaddon, y lo más raro es que en mi interior una necesidad imperiosa de sus besos y caricias crecía sin ver el limite.
No podía creer lo que me estaba pasando, yo amaba a Ángel, porque estos deseos y sentimientos por alguien que ni siquiera conocía, y encima era el marido de la maldita chupasangre de Nimue, me tenía que estar volviendo loca, porque si no,  no era normal lo que me estaba pasando.

-          Hola querida, te tengo que pedir perdón por traerte así de vuelta pero no podía permitir que dieras a conocer tu paradero. – Solo el escuchar su voz hizo que mis piernas temblaran por una descarga de placer.
-          ¿Qué es lo que quieres? Venir a regodearte con el triunfo de tu mujer.
-          No mi niña, yo no haría eso, vengo a liberarte.

Con un movimiento de su mano hizo caer cada una de las cadenas que me tenían sujeta, y por la falta de equilibrio caí entre sus brazos, el me sujeto inmediatamente para que no cayera y me apretó fuertemente contra él, sus labios apenas estaban separados de los míos, como si estuviera a punto de besarme, y que deseos tenia de que lo hiciera, estaba por desmayarme en los brazos del rey demonio, no por agotamiento, si no de la emoción de estar entre sus brazos.

-          Suélteme, necesito que me suelte,- un poco de cordura hizo que dijera esas palabras, pero para ser sincera las dije con muy poco énfasis.
-          ¿Y dejarte caer? No, no lo creo, además se siente muy bien tu cuerpo pegado al mío.

No sé de donde saque las fuerzas pero le empuje para que me soltara, y lo logre pero con la mala fortuna que por la debilidad de mis piernas fui a dar con mi trasero en el suelo.

-          Que cabezota eres, deja que te ayude, vengo a ayudarte, confía en mí.
-          La confianza es un bien muy preciado, y nunca se lo daría al rey de los demonios, y más si este es el marido de mi peor enemiga.- Su risa trono por toda la celda, era como una melodía oscura pero no dejaba de ser bella.
-          Venga levanta.- Me tendió su mano- Tenemos que hablar, tengo muchas cosas que contarte.
-          No quiero ser maleducada – dije levantándome por mi misma – pero no creo que tenga nada que hablar con usted. Y mejor que se aparte de la salida, porque si vino ayudarme, la mejor ayuda es que me deje ir.
-          Y te voy a dejar irte pero no sin antes enseñarte algo.

Salió por la puerta y se quedo esperando a que lo siguiera, no me quedaba otra que tener la esperanza de que de verdad me ayudara, y le seguí, cuando salimos al pasillo me di cuenta un poco avergonzada de que iba completamente desnuda y volví a esconderme en la oscuridad de la celda.

-          ¿Y ahora qué pasa? Te lo pensaste mejor y decidiste quedarte como alimento de Nimue.
-          No, es que…..estoy desnuda.- sentí como un fuego me subía por el cuello hasta posarse en mis mejillas.
-          A mí no me importa, eres preciosa ante mis ojos.
-          ¡Pero a mí si me importa!
-          Bueno, bueno no te alteres Nhoa. – hizo algo con la mano, y una maravillosa tela roja como la sangre apareció en ellas.- Toma ponte esto.
-          Gracias.- Me lo puse y cuando volví a salir vi que era un precioso vestido de seda, tenía unos finos tirantes con pequeños rubís incrustados, un generoso escote enseñaba casi mis pechos, y el cuerpo del vestido era ajustado y con falda de tubo hasta las rodillas.
-          Estas divina, mi amor.
-          No soy tu amor. – me quede sin aliento al mirarle a los ojos, había creído que eran de color negro, pero en realidad eran verdes, verdes esmeralda como los míos, sus facciones me impresionaron incluso más ahora que los veía a la luz de las antorchas que iluminaban el pasillo.
-          Si me sigues mirando así Nhoa, lo voy a interpretar como una invitación.
-          Deja de burlarte de mí y llévame hasta donde lo que me quieres enseñar.- me forcé a quitar mis ojos de él.

Me llevo a través de los pasillos, parecía un laberinto, después de lo que me imaginaba que era casi media hora, nos paramos frente a una puerta dorada, al abrirla dio paso a una pequeña estancia donde solo se veía un gran cuadro que ocupaba toda la pared de enfrente, y este estaba iluminado con grandes velas rojas, en el cuadro estaban representados una pareja cogida de la mano sentada en medio de un gran campo verde y frondoso, la mujer era pelirroja pero de una gran belleza, y el hombre aunque me parecía conocido, era realmente guapo, en la mirada de los dos había reflejado un gran amor.

-          Si me has traído ha ver esto, te tengo que decir que no entiendo nada de arte.
-          Mira bien el cuadro y dime a quien reconoces de ahí, por favor.

Lo mire detenidamente y me di cuenta que el hombre de ese cuadro era Abaddon, más joven y con el pelo más corto pero era él.

-          Eres tú.
-          Si, ¿Y la mujer?
-          No se no la reconozco.- saco un espejo de no sé dónde y lo puso frente a mi
-          Mírate y después mira el cuadro.- Lo hice
-          Me parezco un poco a ella, pero yo no soy tan bella, yo no soy ella.
-          No claro que no eres tú, pero sois idéntica Nhoa, eres igual de bella que tu diosa.
-          ¿Mi diosa?
-          Si, Aradia.
-          ¿Tú y ella…..?
-          Déjame que te cuente la historia que hay detrás de este cuadro. Dé una traición que me rompió el corazón en mil pedazos. Del amor que le tenía a tu diosa. Te concierne bastante.
-          ¿Del amor? ¿Tú la amaste?
-          Si yo la ame, la ame tanto que por su traición caí en el infierno, literalmente. Fue hace muchos, muchos siglos….