2 sept 2012

15º Capitulo


Visita inesperada

            Me concentre con más énfasis y pensé en Ángel, desee poder tocarlo y sentirlo, y mi espíritu empezó a separarse de mi cuerpo y subió y subió hasta llegar al cielo estrellado, volé a través de él hasta llegar a mi casa, mi alma era la que me guiaba hacia el encuentro de mi amado, traspase las paredes de mi piso hasta encontrarme en mi habitación, ahí estaba el, sentado en mi cama, con una foto mía en sus manos y llorando silenciosamente. Sentí como se echaba la culpa por no haber podido protegerme de mi misma.

-          No llores Ángel, verte así me rompe el corazón.- al sentir mi voz dio un respingón y se levanto de un salto de la cama y me miro con asombro y con tristeza.
-          ¿Nhoa?, dios mío estas aquí has vuelto a cambiar – intento tocar mi mejilla pero su mano traspaso mi cara - ¿Estas muerta? ¡Oh dios…..!
-          No te asustes, no estoy muerta, este es mi cuerpo astral, no tengo mucho tiempo mi amor, vengo a pedir tu ayuda y tu perdón.
-          ¿Dónde te encuentras? Cruzare infiernos si hace falta para ayudarte.
-          Justo eso necesito. – sentí una fuerza tirando de mi nuevamente a mi cuerpo- estoy en el infierno.
-          ¿En el infierno? ¿Cómo llego hasta allí?

Y justo cuando fui a contarle un tirón mas fuerte arrastro mi espíritu a mi cuerpo, sin poder terminar de contarle a Ángel como encontrarme, aunque tenía la esperanza que llegara a mí.
Mis ojos tardaron unos segundos en adaptarse otra vez a la oscuridad, necesitaba ver quién o qué me había arrastrado de regreso, al principio no conseguí enfocar la cara de la persona que tenía en frente. El contorno de la cara del rey de los demonios se fue dibujando ante mí, tenía una sonrisa picara en sus turgentes labios, y digo turgentes porque realmente los tenía como una fresa madura, gruesos, rosados y dispuestos a ser besados, moví la cabeza para sacar esos pensamientos de mi mente, pero algo realmente raro me atraía hacia Abaddon irremediablemente.
En el primer momento que le vi no me fije bien, ya que mi atención estaba puesta en Nimue, pero este hombre era realmente guapo y explosivo. Aunque en la oscuridad no podía ver en condiciones, lo poco que veía me hacía temblar de deseo,  sus ojos parecían negros aunque no podía asegurarlo, tenía una nariz recta y con fuerza, se podría decir que un poco larga pero no le restaba belleza a su rostro, una mandíbula fuerte y bien dibujaba enmarcaba esos bellos labios, y en su barbilla un pequeño hoyuelo asomaba, su pelo caía en ondas y hasta donde pude vislumbrar le alcanzaba mas allá de la cintura, ¡y qué cintura!, su musculoso cuerpo estaba formado por los brazos y pechos más impresionantes que hubiera visto, y lo digo porque en realidad lo veía, iba sin camisa. Un sudor frio recorría mi espalda, haciendo que pequeños escalofríos recorrieran mi cuerpo, estaba ardiendo por dentro, deseando estar entre los brazos de Abaddon, y lo más raro es que en mi interior una necesidad imperiosa de sus besos y caricias crecía sin ver el limite.
No podía creer lo que me estaba pasando, yo amaba a Ángel, porque estos deseos y sentimientos por alguien que ni siquiera conocía, y encima era el marido de la maldita chupasangre de Nimue, me tenía que estar volviendo loca, porque si no,  no era normal lo que me estaba pasando.

-          Hola querida, te tengo que pedir perdón por traerte así de vuelta pero no podía permitir que dieras a conocer tu paradero. – Solo el escuchar su voz hizo que mis piernas temblaran por una descarga de placer.
-          ¿Qué es lo que quieres? Venir a regodearte con el triunfo de tu mujer.
-          No mi niña, yo no haría eso, vengo a liberarte.

Con un movimiento de su mano hizo caer cada una de las cadenas que me tenían sujeta, y por la falta de equilibrio caí entre sus brazos, el me sujeto inmediatamente para que no cayera y me apretó fuertemente contra él, sus labios apenas estaban separados de los míos, como si estuviera a punto de besarme, y que deseos tenia de que lo hiciera, estaba por desmayarme en los brazos del rey demonio, no por agotamiento, si no de la emoción de estar entre sus brazos.

-          Suélteme, necesito que me suelte,- un poco de cordura hizo que dijera esas palabras, pero para ser sincera las dije con muy poco énfasis.
-          ¿Y dejarte caer? No, no lo creo, además se siente muy bien tu cuerpo pegado al mío.

No sé de donde saque las fuerzas pero le empuje para que me soltara, y lo logre pero con la mala fortuna que por la debilidad de mis piernas fui a dar con mi trasero en el suelo.

-          Que cabezota eres, deja que te ayude, vengo a ayudarte, confía en mí.
-          La confianza es un bien muy preciado, y nunca se lo daría al rey de los demonios, y más si este es el marido de mi peor enemiga.- Su risa trono por toda la celda, era como una melodía oscura pero no dejaba de ser bella.
-          Venga levanta.- Me tendió su mano- Tenemos que hablar, tengo muchas cosas que contarte.
-          No quiero ser maleducada – dije levantándome por mi misma – pero no creo que tenga nada que hablar con usted. Y mejor que se aparte de la salida, porque si vino ayudarme, la mejor ayuda es que me deje ir.
-          Y te voy a dejar irte pero no sin antes enseñarte algo.

Salió por la puerta y se quedo esperando a que lo siguiera, no me quedaba otra que tener la esperanza de que de verdad me ayudara, y le seguí, cuando salimos al pasillo me di cuenta un poco avergonzada de que iba completamente desnuda y volví a esconderme en la oscuridad de la celda.

-          ¿Y ahora qué pasa? Te lo pensaste mejor y decidiste quedarte como alimento de Nimue.
-          No, es que…..estoy desnuda.- sentí como un fuego me subía por el cuello hasta posarse en mis mejillas.
-          A mí no me importa, eres preciosa ante mis ojos.
-          ¡Pero a mí si me importa!
-          Bueno, bueno no te alteres Nhoa. – hizo algo con la mano, y una maravillosa tela roja como la sangre apareció en ellas.- Toma ponte esto.
-          Gracias.- Me lo puse y cuando volví a salir vi que era un precioso vestido de seda, tenía unos finos tirantes con pequeños rubís incrustados, un generoso escote enseñaba casi mis pechos, y el cuerpo del vestido era ajustado y con falda de tubo hasta las rodillas.
-          Estas divina, mi amor.
-          No soy tu amor. – me quede sin aliento al mirarle a los ojos, había creído que eran de color negro, pero en realidad eran verdes, verdes esmeralda como los míos, sus facciones me impresionaron incluso más ahora que los veía a la luz de las antorchas que iluminaban el pasillo.
-          Si me sigues mirando así Nhoa, lo voy a interpretar como una invitación.
-          Deja de burlarte de mí y llévame hasta donde lo que me quieres enseñar.- me forcé a quitar mis ojos de él.

Me llevo a través de los pasillos, parecía un laberinto, después de lo que me imaginaba que era casi media hora, nos paramos frente a una puerta dorada, al abrirla dio paso a una pequeña estancia donde solo se veía un gran cuadro que ocupaba toda la pared de enfrente, y este estaba iluminado con grandes velas rojas, en el cuadro estaban representados una pareja cogida de la mano sentada en medio de un gran campo verde y frondoso, la mujer era pelirroja pero de una gran belleza, y el hombre aunque me parecía conocido, era realmente guapo, en la mirada de los dos había reflejado un gran amor.

-          Si me has traído ha ver esto, te tengo que decir que no entiendo nada de arte.
-          Mira bien el cuadro y dime a quien reconoces de ahí, por favor.

Lo mire detenidamente y me di cuenta que el hombre de ese cuadro era Abaddon, más joven y con el pelo más corto pero era él.

-          Eres tú.
-          Si, ¿Y la mujer?
-          No se no la reconozco.- saco un espejo de no sé dónde y lo puso frente a mi
-          Mírate y después mira el cuadro.- Lo hice
-          Me parezco un poco a ella, pero yo no soy tan bella, yo no soy ella.
-          No claro que no eres tú, pero sois idéntica Nhoa, eres igual de bella que tu diosa.
-          ¿Mi diosa?
-          Si, Aradia.
-          ¿Tú y ella…..?
-          Déjame que te cuente la historia que hay detrás de este cuadro. Dé una traición que me rompió el corazón en mil pedazos. Del amor que le tenía a tu diosa. Te concierne bastante.
-          ¿Del amor? ¿Tú la amaste?
-          Si yo la ame, la ame tanto que por su traición caí en el infierno, literalmente. Fue hace muchos, muchos siglos….

14º Capitulo


En el infierno

            Aparecí ante ella, estaba sentada en su trono junto a un hombre de mirada demoníaca, tenia una cruel sonrisa en sus labios, pero cuando me vio aparecer ante ella se le trasformo en una mueca de asombro, no esperaba verme ahí, no de esa manera.

-          ¿Qué haces aquí? ¿Cómo has llegado?- Se levanto despacio con los puños cerrados a su costado.
-          ¿Es que no lo sabes? Vengo a matarte, a exterminarte. – Su risa resonó en todo el infierno.
-          No me hagas reír querida, una niñata como tu que juega a ser brujita no podría conmigo, aunque ahora que te miro detenidamente, ¿Qué te paso? Ya veo que eres un demonio muy mono, ¿te vas a unir a mis súbditos?
-          Ni en tus mejores pesadillas Nimue, la hora te ha llegado, es hora de que te vayas al infierno. ¡Oh! Espera ya estas en el.- De mi mano salia una gran bola de fuego que choco contra su pecho sentándola de golpe en el trono de nuevo.

Vi como el hombre que estaba a su lado se levantaba mientras me miraba con ojos risueños, se acerco a un metro de mi, y me dio un repaso con su mirada por todo mi cuerpo, me sentí desnuda, pero un pequeño cosquilleo recorrió mi columna vertebral, ese hombre podía darme el mayor placer de mi vida, pero también me destruiría con un solo soplido.

-          Con que tú eres la hija de Bellia, mira por donde no pensaba que fueras así,- Su voz era profunda y se me colaba hasta el fondo de mí ser.- Creo que me va a gustar tenerte por aquí.
-          Yo no me voy a quedar aquí, y por cierto ¿tu quien eres?
-          Su Abaddon, preciosa, el rey de los demonios. Si quieres podrías tener el mundo a tus pies si te unes a mí.
-          ¡Nunca! yo no soy como vosotros solo he venido a matar a tu querida reina, por eso hazme el favor de apartarte de en medio.
-          Ja, ja, ja, ja, ¿te has mirado últimamente en el espejo? Eres una de nosotros, para que negarlo, además yo no te voy a impedir que intentes matar a Nimue, pero si lo logras te ofreceré su trono para que reines junto a mi.
-          ¡¡¡¡¡Jamás!!!!! – Grito Nimue.- Esta bastarda no me quitara el trono.

No se en que momento se movió pero de repente estaba detrás de mi dándome un gran golpe en la cabeza con algún objeto, que no tengo ni idea de donde lo saco, me dio tan fuerte que se me nublo los ojos, me maree tanto que creí que me iba a desmayar, y no me equivoque tanto porque me desmaye, pero no del golpe de la cabeza si no porque con solo una mano me dio un empujón que me empotro contra una pared perdiendo así la conciencia.
Creo que pasaron varias horas antes de despertarme, al principio me sentí desorientada no sabia donde me encontraba, estaba de pie sujeta por las manos con unas cadenas, intente soltarme pero era imposible, mis pies también estaban atados y me encontraba completamente desnuda. Por lo poco que pude ver estaba en un lugar oscuro y cerrado, enfrente de mi había una puerta con una pequeña ventana con rejas pero a través de ella seguía viendo oscuridad, reconocí ese lugar, y la desesperación se apodero de mi, estaba en la misma celda donde mi madre estuvo encerrada, se podía oler la mugre y también se olía a hierro, pero me di cuenta que ese olor no era por el metal si no que era de sangre, allí mismo habían matado a mi madre, y posiblemente yo acabaría igual.
Pasaron horas y horas, a veces me adormitaba, pero extraños ruidos me despertaban enseguida, tanto los brazos como las piernas las tenia entumecidas, me estaba volviendo loca con esta situación, pero lo que mas me enloquecía era la incertidumbre de no saber mi destino.No sabía si me iba a matar, pero lo poco que conocía a Nimue, creo que me había colocado en el puesto de su fuente de alimento hasta que se cansara de mí y me matara como a mi madre.
De repente la puerta se abrió con un espantoso chirrido, ahí estaba Nimue con una antorcha en la mano, y con un gesto de desprecio en su cara.

-          Ya te has despertado por lo que veo, sabes me hizo mucha gracia que vinieras a matarme, eres solo un despojo humano, pero lo que si no me hizo ninguna gracia es que coquetearas con mi marido, e intentaras despojarme de mi trono, eso no se hace a la familia.
-          Tu no eres mi familia, y no fui yo quien coqueteo, tu marido me desea, no es culpa mía que te hayas vuelto una vieja decrepita.
-          No te hagas la graciosa, me vas a pagar muy caro todo y he pensado varias formas de torturarte hasta que mueras, pero mi querido Abaddon, me ha hecho ver que seria un desperdicio, el matarte y no dejarte aquí para mi alimento. Hoy te vas a librar, estoy todavía saciada con la sangre de tu madre.
-          Hija de la gran….
-          Shhhhhh, no caigas en el mismo error que tu madre insultándome, a ella no le vino muy bien hacerlo.
-          Podrás beber toda la sangre que quieras de mí pero nunca, escúchame bien, nunca podrás estar tranquila, porque a la mínima que pueda te matare aunque tenga que desgarrarte la yugular con mis dientes.
-          ¿Acaso quieres convertirte? Solo tienes que decírmelo o mejor me lo pienso me podría venir bien una súbdita con tus poderes.
-          Aunque me convirtieras en un chupasangre, nunca te serviría.
-          Ya lo veremos, ya lo veremos. – se dio la vuelta y se dispuso a marcharse.- Prepárate en un par de días te haré una nueva visita para probar tu sangre.
-          Ojala te envenenes con ella. – y la escupí, pero por desgracia no la alcance.
-          Ahórrate la saliva, porque no vas a tener casi agua, y vas a estar muy sedienta. – Y se marcho dejándome ahí temblando de ira.

            Tenia que hacer algo, no me podía rendir y esperar que ella me desangrara, me acorde de mi madre de todo lo que tenia que haber pasado allí encerrada, sin saber cuando iban a venir a desangrarla, ni cuanto tiempo le quedaba, de repente se me vino una idea a la mente, recordé la manera en que mi madre se comunico por ultima vez conmigo, tenia que viajar astralmente, presentarme ante Ángel, tenia que pedirle ayuda, esperaba que aun no fuera demasiado tarde.
            Me concentre en mi recuerdo de Ángel, desee estar ante él, poder pedirle ayuda, espere y espere durante varios minutos, pero aparte de irritarme conmigo misma no conseguí nada mas, ¿por qué no me salía?¿acaso no era una poderosa bruja?, y caí en la cuenta, ya no era una bruja, era un maldito demonio, solo podría salir de esta si mi corazón perdonaba, si mi sed de venganza se aplacaba y solo una cosa en mi vida conseguiría que volviera a ser yo, solo el amor podía liberarme.
            Pensé en mi madre en todo el amor que nos teníamos y no habíamos podido demostrarnos, Lena también vino a mi mente, en su amistad incondicional, en nuestro amor de hermanas, en cada instante que habíamos pasado juntas en los buenos y malos momentos, y justo ahora no estaba en su peor momento, el ultimo pero no menos importante pensamiento fue para Ángel, en el día que le conocí, en sus ojos, su sonrisa, sus besos y caricias y en cada “te quiero” de sus labios.
            Una calidez empezó a penetrar en mi piel, abrí los ojos y vi como toda yo brillaba con un intenso color verde, todo ese amor que me profesaban lleno mi corazón de ternura, arrasando el mínimo resentimiento de él, ya no quería vengarme, solo quería volver a los brazos de Ángel, en el momento que me di cuenta que la sed de venganza había desaparecido, la luz que resplandecía en mi piel salió como una ráfaga hacia fuera de mi iluminando la celda, por unos segundos se vio el horrible lugar donde me encontraba, la ratas y cucarachas que recorrían el lugar, pero toda esa luz se concentro y se introdujo en mi esmeralda con una fuerza que me empotro contra la pared y me dejo sin aliento, cuando por fin la celda volvió a quedarse a oscuras, solo vi como mi colgante volvía a tener el color de la esperanza, volvía a ser una esmeralda y no un rubí. Yo volvía a ser una bruja, una bruja a la que respaldaba el poder de la esmeralda.
            Una sensación de paz y reconciliación daban a mi alma la plenitud, había alejado de mi todo el mal que me corrompía y era hora de buscar mi libertad y acabar con Nimue, no por venganza si no por justicia, porque era lo correcto, y solo necesitaba a alguien a mi lado, a mi guardián.

22 jun 2012

13º Capitulo


SONEILLON

Sentía como la sangre me hervía de odio, como mi corazón era engullido por el desprecio, odiaba a Nimue, pero más me odiaba a mí misma, por la impotencia de que aun siendo supuestamente la bruja más poderosa no podía hacer nada por mi madre, las lagrimas caían descontroladamente, sentí los brazos de Ángel a mi alrededor pero en vez de reconfortarme, mi ira se aumentaba, era mi guardián pero no hacía nada para que no pasara por este dolor tan horrible. De repente sentí como si me destrozaran el cuello, escuche un grito desgarrador que salía de mi garganta, de repente mi corazón se paro, y me di cuenta que mi madre había muerto, pero que antes de morir había sufrido hasta enfermar mi propia alma, no puede aguantar más el dolor, la ira, el odio, el asco, todo este torbellino de sentimientos que se me estaban metiendo bajo la piel, y me fui desvaneciendo, como si cayera en un mar negro de sufrimientos, hasta que deje de ser yo misma, quería irme con mi madre, ya no me importaba nada ni nadie, solo mi propia muerte podría darme la libertad, la serenidad, pero la sed de venganza no me dejaba escapar hacia la felicidad, y me hundí en un mundo de inconsciencia.
No sé cuánto tiempo pase sin sentido, pero si sabía que un gran cambio había sufrido mi corazón, abrí los ojos lentamente, tenía la mirada nublada y no podía vislumbrar bien mi alrededor, cuando por fin conseguí ver en condiciones me di cuenta que no reconocía la habitación donde me encontraba, no había ventanas ni muebles solamente la cama donde estaba tumbada, las paredes eran blancas, menos una que era un gran espejo, parecía la habitación de un hospital, aunque no tenía la típica maquinaria que suelen haber.
Me di cuenta que a mi lado estaban dos personas, Ángel y Asha, me miraban con miedo pero a la vez con preocupación.

-          ¿Qué pasa? - Tenía la boca pastosa y con un ligero sabor a hierro - ¿Por qué narices me miráis así?- Había sonado desagradable, pero por algún motivo no sentía mucha simpatía en ese momento por ellos.
-          Dios mío…- dijo Asha con gesto de horror.
-          Joder que pasa, acaso me salió una verruga o algo así. – en ese momento caí en que mi voz sonaba diferente, con un tono de dureza y amargura.
-          Lo siento Nhoa, pero sabía que esto iba a pasar, ya no hay vuelta atrás, te hemos perdido.- Asha se echo las manos a la cara como si fuera a llorar.
-          Déjalo Asha no me vengas con tonterías, y a ti Ángel que te pasa ¿Por qué me miras así y no me dices nada?
-          Mírate en el espejo.- Y Ángel se dio la vuelta y se marcho.

Me levante, mis piernas temblaban, temí no sujetarme en pie, fui despacio hasta el espejo, mire hacia él pero no me vi, el espejo me devolvía una imagen que no era mía, era una mujer con el pelo rojo era como si estuviera en llamas y lo tenía muy rizado y encrespado, parecía la melena de un león, sus ojos brillaban con un brillo demoniaco, no tenia iris o eso parecía, porque sus ojos eran completamente negros rodeados de una delgada línea roja, más abajo en su boca, se le veían unos grandes colmillos, blanco y brillantes, me di cuenta que de su cuello colgaba un rubí en forma de lagrima, espera ¿un rubí?, era exactamente igual que mi esmeralda, la mujer del espejo me miraba con una mirada de incredulidad, mi mirada, mi cara, mis facciones, no podía ser que esa mujer fuera yo, ¿qué demonios me había pasado?

-          Asha, necesito que me digas, que me expliques claramente que ha pasado, ¿qué narices me habéis echo? - y rugí, rugí como un animal, como una bestia.

Asha se echo a temblar y salió corriendo por la puerta cerrándola tras ella, se creía que se podía marchar de rositas y no decirme la verdad, no lo iba a permitir, sentí como me hervía la sangre, y desee echar la puerta abajo, de repente una fuerza descomunal salió de mi cuerpo como si fuera una ráfaga de viento, la puerta salió disparada a la pared que tenía enfrente haciéndola un gran boquete, la puerta se incrusto en la pared como si hubiera estado ahí siempre, Salí al pasillo y vi a Asha casi al lado de la puerta con la boca abierta, me miro con terror y echo a correr como alma que lleva el diablo. Sin tan siquiera darme cuenta, con una velocidad que nunca pensé en tener, la alcance y la agarre del cuello de la camisa levantándola un metro del suelo, con una sola mano. Algo había cambiado en mí y me disponía averiguarlo.

-          Te ordeno que me digas todo lo que ha pasado.- la dije apenas en un susurro, pero que sonó mas amenazante que si se lo hubiera dicho a gritos.
-          Nhoa por favor suéltame te lo contare todo, pero suéltame.
-          No te equivoques Asha, no te pienso soltar hasta que me digas porque tengo este aspecto, y espero que me guste tu respuesta porque lo puedes pasar muy mal.
-          Vale, vale,- se echo a llorar – Te has convertido, el odio que alberga tu alma te ha hecho sucumbir al lado oscuro.
-          ¿Qué me he convertido en qué?
-          En un demonio, en un soneillon.
-          Yo no me he podido convertir en eso, porque me iba a convertir, ¡¡Porque!! – grite.
-          Por la muerte de tu madre.

Empecé a recordar lo que me había pasado antes de desmayarme, y todo lo que había sentido en ese momento y mi corazón se lleno de terror, habían matado a mi madre de la manera más cruel y me iba a vengar. Lance a Asha contra una pared que estaba como a dos metros de mí y la deje inconsciente.
Me dispuse a marcharme cuando sentí a alguien detrás de mí, me di la vuelta y ahí estaba el, tenía una gran espada en la mano, y me miraba con un dolor muy profundo en sus ojos, parecía un ángel vengador.

-          No voy a permitir que te vayas.
-          ¿Tú me lo vas a impedir amorcito?, me quieres demasiado para hacerme daño, es que no me hagas perder el tiempo.
-          No te equivoque, yo amaba a Nhoa, pero tú no eres ella, tu eres un ser horrible, y no te voy a dejar que termines de destruirte.
-          Ya es tarde, déjame tranquila, no quiero hacerte daño, no a ti.

            Y desaparecí frente a sus ojos sin que ni siquiera se diera cuenta, pero dejándole una pequeña esperanza para mi salvación, si no quería hacerle daño, era porque algo de mi amor hacia el quedaba en mi interior, no se rendiría hasta conseguir que volviera a ser la de siempre, la mujer que amaba con todo su ser.

19 sept 2011

12º Capitulo

NIMUE Y SU VENGANZA
               
            Nimue llego malherida al infierno, su pelo y piel estaban completamente chamuscados, esa endiablada niñata, la había herido gravemente, aunque su herida no era solo física, su orgullo había sido insultado al haber sido casi vencida por la hija de su enemiga. Pero un ramalazo de placer le recorrió el cuerpo, al pensar en cuanta sangre tenía que tomar, y de quien iba a ser esa sangre.
            Aunque el cuerpo le dolía bastante por las quemaduras, se fue por los túneles que llevaban hasta la celda de Bellia con la rapidez de un felino. Esa bruja tenía mucho que darle y esa noche lo absorbería todo hasta que la muerte le llegara.
            Abrió la puerta dando un fuerte golpe, la cabeza de Bellia se levanto apenas porque casi no tenía fuerzas, aunque Nimue bebía una vez cada mes, lo que bebía de ella la estaba dejando sin energía ni fuerzas para seguir viviendo.
           -Hola querida sobrina, - Bellia la miro horrorizada preguntándose que le había pasado. – Si se que ahora mismo estoy algo quemada, pero esto que ves es responsabilidad de tu desgraciada hija.
            -¿Mi hija?¿Que le has echo? No te atrevas a tocarla un pelo o te matare.
            -Ja, ja, ja, ja, ja – sus carcajadas se escucharon por todo el infierno.- ¿Que tu que? No me hagas reír que me duele, tú ahora mismo no podrías matar una mosca querida.
            -No me pongas a prueba, Nimue, toca a mi hija y veras de lo que soy capaz.
           -Y tu maldita bruja no te atrevas a amenazarme, porque solo te quedan unos minutos de vida, y si me enfureces hare que sufras inmensamente hasta que sueltes tu último aliento.
        -¿Por que ahora? ¿Por que matarme ahora después de tenerme tanto tiempo con vida en esta espantosa celda?
       -Porque quiero venganza, quiero que tu hija sufra por lo que me hizo, se que el vinculo que se crea de madre a hija entre las brujas sigue intacto, aun habiendo estado tantos años separadas, y se que cada segundo de tu sufrimiento, de que cada  momento que pases muriéndote ella lo sentirá como en carne propia.
         -Eres una maldita hija…
         -Shhhhh, no me insultes no lo estropees mas, y deja de hablar llego el momento y tu sobrinita no podrás impedirlo.
            Se fue acercando a ella despacio, con una siniestra sonrisa, Bellia se dio cuenta que en sus mano llevaba la copa y una daga, volvería abrir las venas de sus muñecas y no podía impedirlo, el terror se fue dibujando en los bellos rasgos de Bellia, no quería morir, no sin antes despedirse de su amada hija, cerro los ojos y se concentro en viajar astralmente hasta ella.
         -Nhoa, cariño, despierta – Su hija estaba profundamente dormida en los brazos de su guardián, pero al escuchar la voz de su madre sus sueños se fueron despejando. – Hola mi niña, no tengo mucho tiempo, Nimue esta a mi lado y no me va a permitir comunicarme por mucho rato contigo.
         -Pero mama…
         -No espera, no digas nada, no me interrumpas, quiero decirte que aunque te abandoné, te amo, te amo con todo mi ser, y mi abandono fue por tu seguridad, siempre guarde la esperanza de pasar tiempo contigo, recuperar cada segundo que no estuve a tu lado, pero ya es imposible, es mi ultimo día, pero no llores, aunque mi cuerpo se vaya de este mundo mi espíritu quedara ligado a ti hasta que dejes de necesitarme. Te quiero mi niña, mi princesa, no te hundas por lo que pase, se fuerte y sigue con tu vida, y sobre todo no te regocijes en la venganza, no merece la pena, el amor y la felicidad necesitan de sentimientos puros y la venganza no es uno de ellos. Hija se que ahora vas a sufrir vas a sentir todo lo que yo voy a sentir, pero no olvides que gracias a nuestro vinculo yo siempre seguiré contigo, te amo, adiós hija mía.
            Y se marcho dejando a Nhoa con la boca abierta y lagrimas en los ojos, de repente un dolor inaguantable le recorría el cuerpo, empezó a encogerse y a llorar mas fuerte, sentía como si su sangre fuera succionada, y como miles de cuchillos se clavaban por todo su cuerpo, y grito, grito con todas su fuerza, grito por dolor, por impotencia, y por odio, odio a la desgraciada que estaba matando a su madre, quería salvarla, quería matar a Nimue pero no tenia el poder ni los conocimientos para hacerlo.
            Ángel se despertó al sentir los gritos de Nhoa, la abrazo con fuerzas, por que vio el sufrimiento tan intenso, y su corazón se partió por la mitad, supo en ese instante, que Nhoa no iba a ser capaz de superar ese gran dolor, la perdida de su madre. No iba a salir nada bueno de esto, y sabía que tendría que estar preparado para lo peor, y sacar fuerzas para no perder a su protegida y amada Nhoa.
            Ella estuvo llorando y gritando muchísimo tiempo, llamaba a su madre una y otra vez, mientras su cuerpo se retorcía de dolor, hasta que ese dolor desapareció y Nhoa lo supo, su madre estaba muerta, ya nunca tendría oportunidad de estar con ella, de recuperar el tiempo perdido, todo por culpa de la reina de los vampiros, y el odio hacia ella, hizo crecer una ansiada venganza en su corazón.

16 ago 2011

11º Capitulo

Ojos de fuego

          -¿Quien diablos eres tú? ¿Y con que derecho te crees para invocarme? – la irritación desdibujaba la cara de Nimue, ¿como alguien tan bello exteriormente, podría ser tan cruelmente horrible por dentro?
           -Desgraciada, quisiera poderte retorcer el cuello ahora mismo.
          -Una criatura tan ordinaria como tú no podría tocarme ni un solo pelo. – Una sonrisa cruel apareció en sus labios - Anda mira quien esta contigo, hola vieja amiga- le dijo a Asha mirándola con cara de burla.
        Asha estaba paralizada a mi lado, su cuerpo temblaba de terror, nos miraba intermitentemente a mi enemiga y a mí. Cuando Nimue la saludo sus piernas fallaron casi haciéndola caer a los pies de ella, ¿como alguien que supuestamente es tan poderoso puede temer con esa intensidad?
       -Dime Asha, ¿Quien es esta niñata de tu lado? Aunque me resulta conocida… - empezó a mirarme detenidamente, mis ojos, mi pelo, mi cara y finalmente mi esmeralda. Un gesto de reconocimiento se asomo a sus ojos. – No me lo puedo creer, vaya suerte la mía, tantos años buscándote, y tu niña tonta te me pones en bandeja de plata.
         Sus carcajadas llenaban la habitación, vi como me miraba y reía y reía, y no pude contener mas mi odio y desprecio por ella, sentí como si mi cuerpo abrasara, como si me hubieran encendido con una antorcha, desee matarla, acabar con ella para siempre, y entonces no se como de mis ojos salieron llamas de fuego directas hacia Nimue. Vi como su ropa y pelo se prendían, como su cara llena de risas se convertían en una cara de dolor y odio.
        -Te juro que me las pagaras, y contigo tu madre, aunque pensándolo mejor ella lo pagara primero, hasta pronto.
      Y desapareció ante mis ojos, me quede sin fuerzas en mi interior, lo que había echo me había dejado exhausta y sin fuerzas para sostenerme de pie, caí de rodillas junto a Asha que me miraba con horror, sentí como mi cuerpo aun ardía por dentro, y como la esmeralda me quemaba el pecho, la mire, era imposible, mi hermosa y apreciada esmeralda se había puesto de un color extraño, como si una pequeña llama ardiera dentro de ella, eso no estaba bien, algo no andaba bien en mi, asustada me levante como pude. Salí huyendo de allí al refugio de mi casa, de mi cama, quería olvidarme de todo y de todos, incluso de mi madre, todo esto no era para mi, odie mi vida, mi pasado, mi presente y mi supuesto futuro.
        Cuando llegue a mi casa, vi que Lena no se había levantado todavía, Ángel no estaba por ningún sitio, me dirigí al baño a mirarme al espejo, mi aspecto había cambiado. Mi pelo estaba como encendido, su brillo casi cegaba y se me había rizado mas aun de lo que ya lo tenia, pero lo mas sorprendente eran mis ojos, mis ojos verde como la esmeralda, eran como ella ahora, eran ojos de fuego, me estaba convirtiendo en algo horrible, fui a mi cuarto y me eche a llorar, hasta que me abandone a un profundo sueño, lleno de demonios y brujas quemadas, sueños horribles que volvieron mi sueño en la peor pesadilla de mi vida.
       Note como alguien me tocaba el hombro, y susurraban mi nombre, me desperece y abrí los ojos despacio, sentía el cuerpo y la mente cansados, y quería decir a quien me estuviera llamando que se largara y me dejara en paz, pero le vi a el, con cara de preocupación, y grandes ojeras en los ojos.
Nhoa, por fin despiertas, estaba tan asustado, llevas dos días durmiendo, tenias fiebre y no se que podía hacer.
           -¿Que? ¡Dos días! Es imposible si apenas hace unas horas que me he quedado dormida.
       -No cariño, llevas dos días. Estuve hablando con Asha y me conto todo, cuando llegue aquí te vi tumbada durmiendo pero con un sueño inquieto, me acerque para darte un beso en sueños y sentí como tu piel ardía, llevas desde entonces dormida. – Ángel me abrazo – Estaba muerto de miedo, si te llega a pasar algo me muero.
         -Que extraño, yo me siento como si hubiera dormido solo unos poco minutos. – Le mire desconcertada - ¿Asha te ha contado todo? ¿Que todo?
         -¿No te acuerdas? Todo lo que paso con Nimue.
      -Nimue…. ¡Dios! ¡Dios! ¡Que he echo! ¡Algo me pasa Ángel, me estoy convirtiendo en algo monstruoso! – Mis lágrimas volvieron a caer inconteniblemente, estaba al borde del histerismo.
            -Calma Nhoa, cálmate, todo tiene una explicación, mi amor, pero necesito que te calmes.
            -Necesito que me abraces, abrázame por favor.
            Y me abrazo con fuerza, sentí como su mano acariciaba mi espalda, sus palabras me calmaban la desesperación que sentía mi corazón, me tire horas llorando en sus brazos, hasta que mis lagrimas se secaron. Su presencia me llenaba de paz, le necesitaba de una manera demasiado fuerte, necesitaba sus besos, sus caricias, su amor.
            Sin pensármelo dos veces, empecé a besarle, primero con ternura y suavemente, luego mientras un calor hermoso llenaba mi corazón le bese mas apasionadamente, nunca había estado con ningún chico, y quería que el fuera el primero, era delicioso sentir sus besos y mas cuando se dejo llevar por toda la pasión que nos rodeaba.
            Sus caricias se volvieron mas intensas, me tocaba por todas las partes de mi cuerpo, con las manos, con sus labios, hasta que finalmente la desesperación por querer algo mas nos inundo a los dos. Nos desnudamos mutuamente, queríamos sentir nuestra piel, uno pegado al otro, y toda la ropa nos estorbaba, fue hermoso a la vez que doloroso cuando entro en mi por primera vez, pero el amor que sentía por el me lleno, quitándome todos los miedos y preocupaciones de la mente, su amor me salvaría, su amor haría de mi la mujer mas feliz del mundo. Acabamos agotados uno en brazos del otro, pero llenos de felicidad, y sobre todo de amor, caímos en un suave sueño, lleno de prosperas promesas y preciosa esperanza, y mi esmeralda brillo intensamente con la luz de esa esperanza, con un verde intenso que protegió nuestros sueños.

5 ago 2011

10º Capitulo

SED DE VENGANZA
            Después de que mi cuerpo quedara totalmente vacio, me sentí terriblemente mal, me di cuenta que las sorpresas de mi nueva vida no habían acabado, todo mi mundo se estaba derrumbando y ni siquiera sabia como seguir hacia delante.
            Cuando termine de tener lastima de mi misma me acorde de mi madre, ella estaba peor que yo, encerrada en una horrible celda, mientras su tía abuela la chupaba la sangre, se me empezó a secar la boca y una sabor amargo recorrió mi lengua, empecé a sentir algo que nunca había sentido con tanta intensidad, odio, odio por Nimue, por la brujería, por todo lo que me rodeaba y un único pensamiento se instalo en mi mente, venganza, terminaría con la malvada bruja que retenía a mi madre aunque se me fuera la vida en ello, terminaría con su juventud y poder, exterminándola de la faz de la tierra o de donde demonios estuviera.
            Sentí como la mirada de Asha me sondeaba, para ver en mi un resquicio de maldad o algo así, la mire con una dura mirada que no sabia que poseía, en cuanto mis ojos recayeron en los suyos instintivamente dio un paso para tras, me vi reflejada en su retina, y vi el mal aspecto que presentaba, estaba pálida y mis ojos brillaban, ¿mis ojos brillaban? La sorpresa me volvió a poner muy mal cuerpo, necesitaba verme en un espejo para ver si no era una ilusión.
            - Nhoa, tienes que tranquilizarte, no es bueno lo que esta pasando. – me dijo Asha.
            - Me puedes decir porque narices me brillan los ojos como si fueran dos linternas.
            - El odio y la sed de venganza hace esto a las brujas, y si no te calmas, puedes convertirte.
            - ¿Convertirme? ¿Convertirme en que?
            - Te convertirías en un Sonneillon.
            - ¿Un que?
            - Sonneillon, demonios del odio y la venganza.
            - ¿Pero si soy una bruja como puedo convertirme en un demonio?
         - Hay muchas cosas que no sabes y por eso tenemos que empezar con tu aprendizaje, solo puedo decirte que todos los demonios son brujas y brujos que se dejaron dominar por malos sentimientos.
            - Todo esto me esta abrumando demasiado, no entiendo nada, tengo un lio en la cabeza.
          - Es hora de deshacer ese lio y que sepas y aprendas toda la verdad, Ángelus, perdona no haberte echo caso al principio, pero es mejor que nos dejes sola, este momento solo le pertenece a ella. – dijo mirando a Ángel.
            Ángel afirmo con la cabeza, y se dispuso a marcharse pero antes me dio un abrazo que me lleno el corazón con un calor que arraso con todo lo malo que me abrumaba. Me miro a los ojos y me dio un pequeño beso en la mejilla y me dijo que me quería susurrándolo en el oído, se marcho dejándome con la esperanza de nuestro amor, desapareciendo casi por completo mi sed de venganza.
            Asha me toco el hombro rompiendo mi ensoñación.
         - Nunca le pierdas de vista, el puede ser tu salvavidas en el peor momento de tu vida, el único que puede salvar tu corazón si empieza a guardar odios y rencores. Sígueme.
        Se dirigió al otro extremo de donde estaba la puerta que me llevaba a casa, allí había otra puerta brillante, Asha la traspaso y yo detrás de ella. Entramos en una gran sala llena de estanterías repletas de libros, habían en el medio de la sala varias mesas grandes  con ocho sillas alrededor de cada una, en un rincón se encontraban varios ordenadores, era una biblioteca, parecida a la de los colegios e institutos. En uno de los extremos de la sala, había una mujer sentada, llevaba una túnica escarlata, tenia la cabeza baja sobre un libro así que no pude ver quien era hasta que nos acercamos a ella, era Layla, la bruja que tenia el Don del oído.
           - Hola Nhoa, bienvenida a la escuela de la orden.
           - Hola, Layla. – la dije por educación aunque no tenia ganas de hablar con nadie.
        - Layla, vamos a ir a mi despacho, necesito hablar largo y tendido con Nhoa, hazme el favor de anunciar que no quiero que nadie me moleste. – Mientras le decía la última frase me señalaba una puerta para que saliera por ella.
            Salimos a un largo pasillo, estaba lleno de vida, varias chicas recorrían el pasillo entrando por algunas puertas y saliendo de otras, hablaban, se reían. Era como el instituto que nunca fui. Mientras caminábamos por el pasillo hasta el otro extremo las chicas me miraban, primero con intriga y después con sorpresa, le hacían una especie de reverencia a Asha cuando pasábamos a su lado, y ella les respondía con un gesto de cabeza. Llegamos a otra puerta al final del pasillo, Asha lo abrió y me indico que entrara.
            Era un gran despacho, serio pero hermoso, había una mesa grande de roble, con tres sillas iguales, encima de la mesa solo se veía un ordenador portátil, detrás de la mesa había varias estanterías con carpetas llenas de fechas, en un rincón había dos sofás de color melocotón con una pequeña mesa de café, una alfombra en el suelo llenaba casi toda la estancia, era preciosa, llena de colores, fucsia, verde, azul, naranja, amarillo, rojo, etc. Se veía el dibujo de pájaros tropicales volando un gran cielo azul, las paredes eran de color azul verdoso, y se llenaba con varios cuadros de paisajes maravillosos. El techo era completamente de cristal, se veía el cielo con la luz del sol llenando la estancia, era tan impresionante que no podía dejar de mirar todo con la boca abierta.
              - Siéntate por favor Nhoa, ¿quieres tomar algo, un café, una coca cola? Lo que quieras.
              - Una coca cola, gracias.
              - Ya vuelvo. – Se metió por otra puerta y por lo que pude percibir era una cocina.
            Me senté en uno de los sillones, eran muy cómodos y acogedores, Asha me trajo la coca cola y ella se puso un vaso de agua, se sentó en el otro sillón enfrente de mí.
           - Bueno Nhoa, es hora de que empiece a responder a todas tus preguntas, no se si quieres que empiece yo o me preguntas tu.
               - ¿Que paso? ¿Que paso con mi madre?
              - Por lo que has podido averiguar ya lo sabes, pero se que necesitas todos los detalles. Es mejor que empiece por el principio. – Tomo un sorbo de agua y se dispuso a contarme todo.

            “Fue hace muchos años, después de que la diosa Aradia maldijera a Nimue, la juventud de esta se marchito en apenas unos segundos, quedando solamente una vieja encorvada en su lugar, Nimue volvió a su marido con ese aspecto, este al verla la quiso repudiar, Nimue que no podía soportarlo le prometió en hacer cualquier cosa si la ayudaba a volver a ser la de antes, su marido que no pudo aguantar estar casado con una vieja odiosa, le dijo el secreto para que su juventud y hermosura volvieran.
            Su marido como ya sabes es el rey de los demonios, Abaddon, la dijo que únicamente con la sangre de poderosas brujas podría volver a ser ella otra vez, pero solo podía beber de ellas con la Copa Sangrienta, un objeto maldito que había sido de la reina de los vampiros, Lilith, y que en esos momentos lo guardaba la actual reina, tenia que convertirse en una ellos y matar a la reina para quedarse con su trono y pertenencias, después de tener es sus manos la Copa tenia que secuestrar a una de las brujas mas poderosas que pudiera y desangrarla de la yugular y beber su sangre con la copa.
            Para que Nimue pudiera convertirse en vampira, tenia que beber primero la sangre de un vampiro antiguo y después morir, tanto era su ambición por el poder que con la ayuda de sus siervos, secuestraron al compañero de la reina, y aunque no quería matarlo cuando empezó a beber su sangre no pudo parar, creía que contra mas sangre mas probabilidades tenia de convertirse y salir viva de la conversión, lo mato desangrado.
            Después ordeno a sus sirvientes que la mataran pero que no la tocaran el corazón ni la cara, tardo tres días en levantarse como vampira, pero aunque ahora era inmortal, seguía siendo vieja y fea, pero con una fuerza sobrehumana.
            Hizo llamar a la reina vampira, le dijo que ella sabia donde estaba su compañero y que quería ayudar a rescatarlo, esta que la creyó se vio vuelta en una emboscada y asesinada por manos de Nimue. Nimue se proclamo reina de los vampiros consiguiendo la Copa Sangrienta.
            Como era tanto su odio hacia las brujas y su sobrina Morgana, la que ya se había convertido en una bella y poderosa suma sacerdotisa, secuestro ha esta, la sangre de su sobrina hizo de nuevo joven y bella a Nimue, reina de los demonios y vampiros, lo que no sabia que Morgana tenia una hija, hasta que Bellia, tu madre e hija de Morgana, se presento astralmente ante su madre para poder saber como salvarla, sin medir la consecuencias de sus actos ya que la descubrió Nimue.
            La orden tuvo que ocultar a Bellia hasta que tuvo que asumir el cargo de suma sacerdotisa, por lo que sabemos, Morgana duro viva hasta dos años antes de nacer tú. Fueron secuestradas dos brujas menores antes que tu madre.
            Tu madre quedo embarazada con veintiocho años, de su protector, Abel, que fue asesinado dos meses antes de tu nacimiento, pensamos que fue Nimue, pero no tenemos certezas. Tu madre que amaba con desespero a Abel, cayo en una profunda depresión llevándola casi a la muerte el día de tu nacimiento, y aunque no tenia ganas de vivir cuando te vio las fuerzas volvieron al cuerpo de tu madre, iba a luchar por su vida para poderla pasar junto a ti.
            Todo pareció normal durante tus primeros cuatro años, y aunque tu madre todavía tenia el corazón destrozado por la ausencia de Abel, vimos que fue inmensamente feliz al tenerte a su lado, y poderte dar todo su amor. Ella te amaba con una fuerza impresionante, te protegía de cualquier cosa, aunque fuera un minúsculo insecto ella te apartaba de el.
            Pero un día, algo horrible sucedió, faltaba solo tres días para que tu cumplieras los cinco años, a esa edad nosotras las brujas de la orden bautizamos a nuestras hijas bajo los poderes primordiales, estábamos preparando todo lo necesario, tu estabas jugando en un rincón de la habitación sagrada, cuando Nimue apareció ante nosotras, se te quedo mirando con extrañeza y al ver tu carita se dio cuenta que eras de su sangre, eres idéntica a tu bisabuela Kaila, quiso tocarte, pero tu madre se interpuso entre vosotras dos. Me acuerdo claramente de la sonrisa y mirada cruel que tenia Nimue en la cara. Le dijo a tu madre que o te daba a ella o tu madre tenia que ir en tu lugar, si no te asesinaría en el momento menos inesperado, tu madre le dijo que nunca te tendría que antes tenia que pasar sobre su cadáver, y Nimue le dijo que si así lo quería así iba a ser, y se marcho.
            El día de tu bautizo estábamos todas nerviosas, teníamos medio por ti, pero tenias que ser bautizada o si no jamás podrías ser bruja, antes del rito tu madre decidió esconderte hasta tu mayoría de edad, tenia que hacerte pasar por una niña normal, lejos de nosotras, en donde Nimue no te pudiera encontrar.
            Así se hizo, inmediatamente de ser bendecida tu madre desapareció contigo, nunca supimos donde te llevo, pero estábamos seguras que algún día aparecerías.
            A la semana de que tu ya no estuvieras con nosotras, Nimue vino a buscarte y al ver que habías desaparecido se puso furiosa, con la ayuda de todo su sequito secuestro a tu madre y juro que te encontraría y bebería de tu sangre hasta secarte por entero.
            Todas nos quedamos horrorizadas, intentamos volver a invocar a Aradia pero no fuimos respondidas.
            Desde ese momento no hemos podido hacer nada para salvar a tu madre, y no creas que no lo hemos intentado, hemos muerto muchas en el intento, y solo nos quedo esperar a que tu vinieras hacia nosotras y poder instruirte para ser nuestra próxima suma sacerdotisa y tenemos la esperanza que tu puedas liberarnos de Nimue.”

           - ¿Y que pasa con mi madre? ¿No me vais a instruir para salvarla? – Mi cuerpo temblaba de rabia.
           - Ya no se puede hacer nada por tu madre, apenas le quedara unos años de vida, ahora solo importas tu y tu futuro.
¡No me vengas con tonterías! ¡No voy a permitir que os olvidéis de ella! ¡No la voy a dejar allí!
            El odio empezó a invadirme de tal manera que mi mirada se nublo, solo se que mi esmeralda vibraba conmigo y su brillo ilumino toda la estancia, quería venganza y no iba a parar hasta conseguirla, no se ni como ni cuando lo hice pero de repente tuve ante mi al objetivo de mi odio, a la mujer que me había destrozado la vida, Nimue estaba ante mi con cara de sorpresa, yo la traje ante mi para destruirla, y eso es lo que iba hacer.